Alegría Castillo
José Antonio Piñero
Perspecta
Escultura
16.01.16 / 21.02.16
Alegría Castillo y José Antonio Piñero: Perspecta
El Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván acogerá, del 16 de enero al 21 de febero, la exposición Perspecta, nuevo proyecto de Alegría y Piñero.
Alegría Castillo Roses (Córdoba, 1985) y José Antonio Sánchez Piñero (Chiclana de la Frontera, 1975), o lo que es lo mismo Alegría y Piñero, presentan este sábado 16 de enero en el Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván su nuevo trabajo bajo el título Perspecta. La pareja artística desarrolla desde el 2009 un único proyecto común basado en la experimentación mediante procesos esencialmente escultóricos, con artilugios propios de los antecedentes del cine y la fotografía, creando rudimentarios sistemas y mecanismos ópticos que funcionan como medios de producción e interpretación de la imagen.
En Prueba de fuego, proyecto que comienzan en 2012 y del cual incorporan seis obras en la presente exposición, los artistas sitúan como centro de referencia laobra del siglo XV “La prueba de fuego de la condesa ante el emperador Oton III”. En esta pintura del flamenco Dieric Bouts, la figura central está siendo sometida a una ordalía, manteniendo una barra de hierro candente en la mano sin el menor atisbo de dolor. Su quietud se percibe entonces como acción viva y su hieratismo como gesto contenido. Alegría y Piñero tratan de revelar ese tiempo larvado latente en la representación, desvelando aquello que la imagen se esfuerza en ocultar.
En la presente exposición, Perspecta, los artistas abren el círculo y continúan trazando nuevas perspectivas sobre el cuadro. Cuatro obras inéditas completan el proceso creativo de la serie anterior, atendiendo esta vez a figuras con las que hasta ahora no habían trabajado: la cabeza del conde y la emperatriz en la hoguera. Cada pieza de la muestra es en sí un ejercicio al que la imagen queda sometida: la figura central del cuadro es vertida hacia dentro, triplicada y deformada hasta esquivar su voluntad erguida; arrodillada y desplegada; su rostro, dibujado 480 veces, pierde su mutismo y encuentra en el margen de error de la repetición su expresión; la cabeza, herramienta y huella, se oculta y proyecta tras el hueco; la silueta de la emperatriz es facetada en círculos que, al perder su centro, desvelan un movimiento oculto en la unidad mínima del gesto, la postura. Su giro vertical se transforma en sinuoso movimiento lateral, girar cíclico, hipnótico, que se despliega en un coro de figuras que duplica y genera un eco de sombras controlado.
Duplicidades, espectros, vacíos revelados que se hacen tangibles a través de rudimentarios artificios ópticos. Artilugios que catalizan, dilatan, fragmentan y centrifugan ese tiempo larvado, extenuando a la imagen hasta revelar lo que los artistas denominan su expresión fantasma.