FRANCISCO MORENO GALVÁN.
La Puebla de Cazalla (Sevilla), 1925 – 1999

Francisco Moreno Galván (La Puebla de Cazalla, 1925-1999), desde su formación en la Escuela de Artes y Oficios, y luego en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla (1941-46) cultivó en sus inicios una pintura académica, situada en los estrechos márgenes del clasicismo. Pronto, sin embargo, empezó a desasirse de esas cadenas, sobre todo a partir de su estancia en Madrid en los años 50, en plena emergencia de las vanguardias artísticas españolas. El contacto entonces con algunos de los intelectuales y artistas más renovadores del momento, debió ser decisivo para que continuase ahondando en los derroteros a que se fue abriendo paso su obra plástica, transitando por una especie de neocubismo a lo largo de los años 50, hasta desembocar en el expresionismo lírico en que definitivamente se instaló su pintura en sus épocas más prolíficas, los años 60 y, sobre todo, la década de los 70.

Su particular matiz consiste en que no se trata de un expresionismo, como el alemán, donde el dramatismo brota de un atormentado yo interior, sino que en la pintura de Francisco Moreno Galván, ese yo individual se canalizó hacia un yo colectivo, el del pueblo andaluz y gitano, perseguido, maniatado, silenciado. La expresión de ese yo delirante de los flamencos fue posible porque Francisco se adentró en su cultura, en su pueblo y en sus gentes, haciendo suyos su dolor y su queja, y dándoles a través de la pintura expresión formal.

Francisco Moreno Galván cultivó diferentes géneros: el bodegón, el paisaje o el retrato, aunque fue su orientación hacia el flamenco lo que determinó el destino de su obra plástica.

Dejando al margen sus incursiones en campos como la arquitectura, la escultura o la poesía flamenca, en su trayectoria como pintor, Francisco Moreno Galván cultivó diferentes géneros, desde el bodegón al paisaje, pasando por el retrato, si bien fue su orientación hacia el flamenco lo que determinó el destino de su obra plástica. Ahí nos dejó inolvidables estampas de cante y de baile, en las que a través de las formas picassianas supo alcanzar la sublimidad expresiva de los sonidos negros.

El legado de su galería de retratos flamencos, que componen Manuel Torre, Pastora Pavón, Juan Talega, Fernanda de Utrera o José Menese, entre otros, forma parte ya de la iconografía de este arte. Y a través de la cartelería de los festivales flamencos (Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla, Festival de Cante Grande de Puente Genil, Bienal de Flamenco de Sevilla…), llevó el espíritu de las vanguardias no sólo al mundo del cante jondo, sino a las calles y plazas de tantos pueblos y ciudades de Andalucía, en las que el cartel fue grito en la pared. Francisco Moreno Galván se convirtió así en una figura central del arte flamenco, en el que supo inyectar como nadie la renovación estética emanada de las vanguardias artísticas del siglo XX y alejarlo del manido costumbrismo.

El resultado fue una extraordinaria producción plástica, erigida desde una singular combinación de lo popular y lo moderno, en palabras de Fernando Quiñones refiriéndose a él, “esa enigmática ligazón de instinto ciego y de clara sabiduría que integra todo arte mayor”.

MIGUEL ÁNGEL RIVERO GÓMEZ
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