Alonso
Gil
La Juerga
Exposición
03.07.26 / 18.10.26
Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván
Yo no entiendo, caballero,
de litio ni de litigios,
pero sé que lo primero
siempre es la honra de mis hijos
y usted solo honra al dinero.
José María Gómez Valero y David Eloy Rodríguez para Canteminación
La Juerga, propuesta expositiva concebida para el Museo José María Moreno Galván, presenta una serie de obras producidas por Alonso Gil (Badajoz, 1966) a partir de su fascinación por esa forma de vida compleja que se denomina flamenco, así como de sus vivencias en La Puebla de Cazalla, a donde acude anualmente para vivir la Reunión de Cante Jondo.
Los modos de hacer de Alonso Gil y su peculiar uso de la diversión como un factor político se mueven al compás del flamenco, un arte que nace vinculado a la fiesta, al día y a la noche, al canalleo crítico y disfrutón, y que contiene una dimensión política desde su nacimiento como voz de los pueblos oprimidos y marginales que es. Consciente de que el flamenco es mucho más que cante, toque y baile, nuestro artista se aproxima a este complejo campo de producción estética siendo muy joven, en Badajoz, cuando el flamenco estaba reservado a espacios residuales e, incluso, mal visto por parte de cierta intelectualidad. Alonso no escuchó nunca cante en el emblemático Café Central de La Puebla, pero si en otros templos como en ese lugar desclasado llamado La Carbonería en Sevilla, en El Mundo otro Bar (donde Salva programaba flamenco los martes y Gil tenía asignado un banquito para poder documentar en video a los intérpretes, un proyecto que luego él denominaría Criaturas flamencas), en El Candela o en Casa Patas, así como en garitos, peñas, festivales y juergas diversas, sabedor de que, como decía Demócrito, el filósofo risueño, «una vida sin fiesta es un largo camino sin posadas».
En Poética del cante jondo, el filósofo y flamencólogo José Martínez utiliza el término «fiesta», que no «juerga», en su sentido antropológico, es decir «como espacio y tiempo ritual en el que se niegan el espacio y el tiempo cotidianos o profanos para abrir un espacio y tiempo extraordinarios o sagrados en los que se celebra la experiencia trágica de la vida». Alonso coincide con esta definición, pero prefiere utilizar la palabra «juerga», que no «fiesta», para titular su proyecto, precisamente por lo contrario que el filósofo, por la coloquialidad que conlleva el término, toda una declaración de principios.
Porque es consciente del privilegio de exponer estas obras en el museo del epicentro del flamenco rebelde y contestario, pero también de lo arriesgado de la aventura. Estamos en la cuna de José Menese a quien Francisco Moreno Galván compuso letras que daban voz a que los que el poder se las había arrebatado, generando un espacio de protesta y reivindicación. Con este cantaor vivió Alonso Gil una memorable noche en Badajoz, cuando éste actuó en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo con motivo de la exposición Intervalo, y cantó un villancico ¡a finales de abril!; no se puede tener más arte. Les unía su apoyo al Sahara Occidental, pues el de La Puebla hizo el servicio militar en el Sahara Occidental y siempre manifestó una actitud solidaria con el pueblo saharaui, a quien Alonso apoya activamente en su lucha por un referéndum de autodeterminación.
Alonso Gil es un artista coherente y comprometido, algo escaso hoy en día, que se moja, aunque a veces esto no juegue a su favor, y que se posiciona en muchas de sus obras contra de los abusos de poder como, por ejemplo, en Canteminación, una propuesta que reacciona frente a los planes de implantar una mina de litio en Cáceres, recuperando el cante de las minas del poblado minero cacereño de Aldea Moret como vehículo de disconformidad. En ella el artista colaboró con los poetas David Eloy y José María Gómez, miembros del grupo de acción poética La palabra itinerante, quienes escribieron letras para unos nuevos cantes de minas relacionados con lo que supone el extractivismo y la implantación de la nueva mina de litio en Extremadura, interpretados por cantaoras y cantores extremeños.
La Juerga se propone como un lugar de encuentro, una forma de sociabilidad disidente basada en una economía libidinal, parafraseando a la escritora e investigadora Alicia Navarro, convirtiendo este museo, al menos temporalmente, en un espacio donde el tiempo se suspende mediante obras que recurren al flamenco de diversas maneras: como recurso de los nuevos picaros que se buscan unas monedas en las zonas cada vez más turísticas de Sevilla; recurriendo al baile como medio de conocimiento, de comunicación y de evasión; a la filosofía corporal que analiza cómo el cuerpo interactúa con el pensamiento, el espacio y la cultura; al gesto como potencia capaz de generar movimiento y transformación o el quejío como herramienta de resistencia, que generan un relato en el que el compromiso social, estético y emocional de la obra de Gil y el del flamenco, suenan a compás. La juerga deja testimonio de que la obra de Alonso, como el flamenco, se fecunda en el encuentro, complicidad y mezcla de diversas realidades estéticas y emocionales, porque hablamos de un artista de pellizco que, al menos una semana año, se siente un «morisco» más.
Esther Regueira Mauriz