pintura

Curro

González

Sevilla, 1960

Mesa con aguacates

Óleo sobre lienzo

195 x 225 cm

1985

Curro González es un autor representativo de la generación de pintores sevillanos de los 80. Con un estilo muy personal y en constante evolución, empieza su carrera muy joven y tiene numerosas exposiciones en Sevilla durante los años 80 y 90.

Con gran reconocimiento en el plano internacional y su obra además está presente en importantes colecciones y museos españoles como la Fundación La Caixa, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo o la Fundación Coca-Cola.

Ha conseguido importantes becas y premios como las de residencia de la Cité Internationale des Arts de París en 2013 o la de la Fundación Pollock- Krasner de Nueva York en 1998.

El arte, la política, la sociedad y la historia son temas que a menudo han sido objeto de representación de la pintura de este artista, llevada al lienzo desde el punto de vista de la introspección y el subconsciente, ya que le interesa de forma obsesiva el cuestionamiento de su propia identidad.

Sin embargo, González en la actualidad, confiesa sentir cierto desinterés por la necesidad de subyugar la pintura a una explicación adyacente y defiende la propia pintura por sí misma, manifestando una enorme fidelidad al lienzo. Esto lo pone de manifiesto claramente a través de su exposición “El retorno del hijo pródigo”, una individual realizada en la Galería sevillana Rafael Ortiz, en cuyo catálogo, el artista confiesa no querer hablar de qué contienen sus lienzos, sino más bien, esperar a ver que sentimientos despierta. Para ello, parafrasea a Julián Barnes cuando dice: “La pintura que sobrevive es aquella que perdura más que su propia historia. La religión decae, el icono permanece; un relato se olvida, pero su representación sigue fascinando”.

Muy interesado en los grandes formatos, su pintura elude en muchos casos, como este que nos ocupa, los temas muy pretensiosos, pero hace alarde de la ironía.

Es una pintura llana y familiar para el espectador, perteneciente a una época en la que el interés por el expresionismo está patente.

En esta obra, se muestra un particular bodegón que consta de una mesa y una silla con una perspectiva incierta. Los aguacates que están dentro del plato se llevan todo el protagonismo. Lirismo de lo cotidiano como parte de una pintura afectiva que se basa en una figuración muy personal.

Patricia Bueno del Río
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