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Lucio Muñoz nace en Madrid en 1929. Comienza a desarrollar obras no figurativas influenciado por el artista alemán Paul Klee y por el uruguayo Joaquín Torres García. Tras obtener una beca en Francia en 1956, descubre el trabajo de Dubuffet, Tàpies, Wols o Fautrier, y decide no abandonar nunca más la abstracción. Aunque destaca principalmente como pintor, hace grandes aportaciones al grabado y a la pintura mural, como la que realiza en la Basílica de Arantzazu en Oñate.
Dedica esta xilografía a su amigo el cantaor José Menese. Se observan miembros que recuerdan a unos dedos o tentáculos con la intención de hacerse con una torre de monedas. Este guiño de corte figurativo recuerda a sus inicios, antes de abrazar completamente la abstracción. En uno de los textos que José María Moreno Galván dedicó a Lucio Muñoz en la revista Triunfo mencionaba:
«¿Es consciente Lucio Muñoz de ese alcance pre-escrituario de su arte? […] El artista es un testigo, en la mayor parte de los casos, inconsciente. El testigo real, el que está en el secreto de todos los horizontes y de todas las pretensiones, es el arte mismo. El artista es su instrumento. Si el artista no sabe adónde va, el arte sí que lo sabe»