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José Guerrero nace en Granada en 1914 y desarrolla su formación entre su ciudad natal, Madrid y París. Su carrera alcanza una gran proyección internacional, convirtiéndose en uno de los principales artistas del expresionismo abstracto.
En 1950 marcha a Estados Unidos, epicentro del arte moderno del momento. En Nueva York consagra su prestigio y entra en contacto con destacados artistas como Mark Rothko o Robert Motherwell. En este momento da el paso decisivo a la abstracción, formando parte del movimiento de la pintura de campos de color. El crítico Juan Manuel Bonet acuña el término efecto Guerrero para referirse a la energía y el cromatismo que Guerrero trae a la pintura española.
La obra Rojo Oscuro muestra el trazo característico del autor. El rojo convive con otros colores que potencian aún más la intensidad original del pigmento protagonista. José María Moreno Galván escribe sobre él en la revista Triunfo:
«Guerrero toma un color y realiza lo que pudiéramos llamar «un campo de color». Pocos pintores son capaces, como él, de sostener durante tanto tiempo y tanta distancia un campo de color sin depauperarlo, sin desmayarlo… Luego, ese color de Guerrero es amenizado por una leve ruptura cromática que casi siempre implica también una ruptura formal»